¿Por qué la empatía le agrega valor al trabajo?

¿Por qué la empatía le agrega valor al trabajo?

La empatía no es una palabra de moda. Es un recurso del ser humano que le ayuda a socializar, desde el descubrimiento de las neuronas espejo, la empatía ha tomado una fuerza teórica y práctica en muchos campos del saber y de la acción.

La empatía es nuestra capacidad para ponernos en el lugar del otro, es empatarnos con su situación o nivel, para comprender lo que siente, asumiendo su punto de vista. Esta capacidad se basa en el cableado de neuronas espejo que todos los humanos tenemos en nuestro organismo, especialmente en el cerebro, para entender mejor a los demás.

Las neuronas espejo nos permiten captar la mente de los otros como si su conducta y pensamientos fueran propios. Por la imitación y simulación sentimos lo que atraviesan los demás, solidarizamos y entendemos su sentir, expresamos la empatía.

A nivel personal, en nuestro mundo cotidiano, reconocemos quiénes muestran esa habilidad para comprender mejor a los demás, quienes saben “leer” sus necesidades o intenciones. Incluso, reconocemos cómo aplican esa facultad de captar gran cantidad de información sobre los otros exitosamente, en los negocios, en las relaciones profesionales, el trabajo psicológico o en el coaching, y también en las dinámicas de liderazgo político o religioso.

Tales personas, a las que se suele denominar carismáticas, líderes, o simplemente amistosas, suelen ser esencialmente empáticas. Son hábiles para captar nociones de modo automático, a veces no consciente, siguiendo el modo de hablar, entonación, apariencia, lenguaje no verbal, o las posturas de sus interlocutores. Y en base a esa información, pueden intuir no solo lo que sienten sino lo que piensan los demás. Ser empático es ser capaz de interpretar emocionalmente a los demás, ponerse en sus zapatos.

Debemos resaltar que: cuando se diluyen las barreras entre uno y el otro, se ganan ventajas para la supervivencia. Y eso es tan aplicable a la vida diaria como al desempeño laboral. La empatía es una facultad estratégica para nuestro desempeño en general, puesto que así se mejora el entendimiento de emociones, sentimientos y conductas de los demás.

En la acción cotidiana de lo laboral

Muchos investigadores han explicado cómo la empatía es uno de los elementos fundamentales de la llamada inteligencia emocional. Las empresas han desarrollado medios (desde la captación del personal, su inducción y evaluación periódica) para apreciar y retener a los empleados que demuestran una comunicación adecuada, un trato acorde para el trabajo en equipo, y una capacidad de relacionarse internamente. La empatía es un recurso valioso para llevarse bien con los compañeros de trabajo.

Recordemos, la empatía se desarrolla en los orígenes del hombre porque éste necesitaba de los demás para sobrevivir. Y para eso, tenía que entender su disposición a cooperar, y sus emociones de riesgo. La misma base funciona hasta hoy, en la casa o en el trabajo. Quiere decir que estamos dotados de la habilidad para simular al otro, aunque sea de manera automática, de modo que podamos comprender su ánimo, su preocupación, su fastidio. Todo esto debe traducirse en una sola cosa: cómo adecuamos nuestra conducta y comunicación.

¿Y cómo se logra esto? Cuando más intensa es la práctica y cuanto más conscientes somos de nuestra habilidad empática, mejores serán los resultados. Emulamos y reproducimos en nuestra propia mente lo que sienten los demás, por lo que puede aflorar hacia ellos el respeto, la solidaridad, la compasión, la simpatía.

Cuanto mayor es el ejercicio social, mejor será el desempeño de las personas en relación con los demás. Así pues, el rol de los padres de familia y educadores es fundamental para estimular esa interacción y que nuestro sistema neuronal fortalezca su disposición de entender a los otros. También lo es el ejemplo en el trabajo. Un buen líder “enseña” por sus maneras y por sus hechos cómo tratar a los jefes, subordinados o pares.

La clave en las buenas relaciones de trabajo es la disposición a escuchar. Solo mediante la conversación y una genuina actitud de escuchar atentamente al otro, obtendremos señales claras de cómo es la persona, qué le preocupa, qué lo anima, y de qué puede ser capaz.

A mayor capacidad empática de una persona, mayor es la actividad de sus neuronas espejo. Todos estamos predispuestos a la empatía, pero la intensidad de la respuesta empática dependerá tanto de lo innato como de lo adquirido. Si uno trata conscientemente de aplicar su empatía a sus rutinas, agregará valor a sus relaciones.

 

Por: Consuelo Cubillos F.